Cuando tenía 15 años, mis padres me compraron una cazadora de cuero con borrego por dentro.
No solo era una cazadora preciosa, sino que además era muy buena. Les había costado MUY cara, y pretendía ser una cazadora que me durase varios años y me sirviese para ir bien vestida durante los días más fríos del invierno.
Por supuesto, no era una prenda para ir al colegio.
Mis padres se encargaron de repetirme una y otra vez lo que había costado, supongo que para que entendiera lo importante que era que tuviera MUCHO cuidado con ella.
Un día, cogí mi nueva cazadora de cuero y me la puse para salir a bailar con mis amigas. Era sábado por la tarde y fuimos a una discoteca en el centro de Madrid.
Cuando llegamos, nos pusimos en una zona de gradas y colocamos nuestras cazadoras debajo del lugar donde estábamos bailando.

Era una discoteca enorme. Todo estaba oscuro, sólo iluminado por las luces fugaces e intermitentes. Se me pasó por la cabeza que podía no ser seguro dejar mi cazadora allí, pero pensé que yo estaba justo encima. Que nadie sabía que allí habíamos puesto las cazadoras y que, además, estaba muy oscuro como para que nadie se pusiera a buscar a tientas una cazadora que robar.
Sin embargo, alguien se puso a buscar a tientas una cazadora que robar. O quizás le había echado el ojo desde que me vio entrar...
El caso es que, un par de horas más tarde, cuando nos preparábamos para volver a casa, metí la mano en las gradas y mi cazadora no estaba allí.
Supongo que podéis imaginaros todo lo que sentí en ese momento.
Angustia, enojo, miedo, desconsuelo...
Volví a casa llorando. ?Cómo iba a explicárselo a mis padres?
¿Cómo iban a reaccionar ellos?
Caso Real nº 2
Hace unas semanas, mi madre le regaló a Clara un reloj precioso. Era rosa, y Clara, que es super cuidadosa, se lo ponía y, cuando llegaba a casa, lo volvía a guardar en su estuche con todo el cariño.
Al poco tiempo, Susana empezó a ponérselo para ir al Conservatorio. Aunque ella tenía su propio reloj no le gustaba ponérselo, pero le dio por ponerse el de su hermana.
Hasta que un día, no se volvió a saber nada del reloj.
No os contaré cuál ha sido mi reacción ante esta pérdida. No me siento muy orgullosa de ella...
Pero os contaré cómo reaccionaron mis padres cuando regresé esa tarde de invierno a casa sin mi preciosa cazadora de cuero con borrego:
Supongo que se disgustaron. Supongo que se enfadaron mucho conmigo. Supongo que pensaron que no podían confiar nada valioso en mí... Pero digo "supongo" porque, en realidad, no me recriminaron nada. No me regañaron ni se enfurecieron... Tampoco me volvieron a comprar una cazadora de esas características... pero me demostraron que mis sentimientos eran más valiosos que una cazadora de cuero con borrego. Y que no querían herirlos, porque sabían SEGURO que yo ya había aprendido por mí misma...




Pero también puedes pasar muchos ratitos fuera...












en algunas ocasiones, y me parece muy acertada. Por eso -y ya que eso de las 



























